CURRO RODRÍGUEZ

Debla

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¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Mi inmersión en la fotografía fue un poco de casualidad, por decirlo de algún modo. Todo comenzó trabajando como cámara en una televisión local tras un pequeño curso de producción y realización de video y televisión. Ahí fue donde empecé a disfrutar mirando el mundo desde un encuadre cerrado. Quedó ahí, y al cabo de los años empecé  a sentir curiosidad por la fotografía fija, autorretratos y poco más. Lo deje todo y me fui a Londres pensando en estudiar fotografía allí, pero nada más lejos de la realidad, fue al volver, en 2011 cuando finalmente estudié fotografía, tras acabar pase un tiempo haciendo algunos workshops con fotógrafos, donde se profundice más en los conceptos, y aprendí a trabajar con proyectos, statements, desde un ángulo mucho más personal, ahí entendí este medio como una forma de expresar, de contar. De nuevo deje todo y me fui a Madrid a hacer el Master de Fotografía contemporánea de la escuela Efti, y ya hasta la fecha. Nunca se para de estudiar,de aprender. La fotografía es un medio que hay que enriquecerlo desde todos los ángulos. Exposiciones, residencias artísticas, conciertos… Leer un libro es estudiar fotografía, lo mismo que ver una película o escuchar una canción.

 

¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

Mi obra es una amalgama, no podría describirla como algo meramente fotográfico, ya que, aunque el resultado final es casi puramente fotografía, me nutro de otras vertientes. Trabajo desde la performance, la instalación y la intervención, y me acompañó del video. Es todo bastante simbiótico, ya que no podría llegar a lo uno sin lo otro. Del mismo modo no puedo hablar de fotografía de desnudo, de paisaje o de retrato. Está todo conectado. Trabajo con la naturaleza, con el medio, con la intervención humana, desde un plano conceptual, intentando encontrar respuestas a mis propias preguntas, a veces son personales, aunque intento transformarlas en cuestiones universales.

Siempre me he considerado una persona muy instintiva. Creo que es necesario dar libertad a nuestras conductas, siempre dentro del respeto entiéndase. Los espacios naturales abren en mi esas compuertas, reconectar con lo terrenal, con lo básico. Curiosamente, pocos de nosotros estamos familiarizados con la textura de una piedra, y esto nos coloca en una situación distinta. No es fácil reencontrarte con algo que no reconoces. Es aquí donde nace mi interés por representar esa “reconexión/reubicación” con lo natural, con lo invadido y reconquistado por lo salvaje. La naturaleza más allá del jardín nos asusta, por que no la controlamos, no está domesticada.

 

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Mi cartera de referencias es algo que voy ampliando cada día, para cada trabajo o proyecto. Intento estar bastante abierto a todo lo que voy encontrando.

sica, cine, literatura, filosofía. Hago una especie de research” a lo largo de cada proyecto, antes y durante el proceso. Creo que es muy importante saber que se ha hecho antes o que se está haciendo en el presente para trabajar sobre un tema concreto.

El flamenco mueve el cuerpo principal de mi obra, lo entiendo como una música de raíz, que sale de lo más profundo, podría ser geología pura, instinto animal desatado. Habla mucho de mi y de esos impulsos de los que hablábamos al principio.

Artistas como Ana Mendieta o Abramovic,  su exploración con el cuerpo, sus performances en la naturaleza para hablar de identidad son muy relevantes para mi.

El teatro/danza de Dimitris Papaionau o Rocio Molina y su forma de  utilizar el cuerpo humano.

Fotógrafos mucho más actuales y que se mueven en otras corrientes como Synchrodogs o Mustafa Sabbagh, siempre jugando con el cuerpo, la luz y la desnaturalización de los espacios. Aunque la lista es infinita: Antonio Guerra, Benoit Jeanet, Ilan Rabchanskey, J. M. Melero…

En el video podría destacar a Bill Viola, Lois Patiño y las películas de Serguéi Paradzhanov, pura poesía visual.

Es un abanico enormemente amplio. Como mencionaba, es muy importante para mi tener un rico background de referencias antes y mientras trabajo en algo.

En Debla nos encontramos ante una serie de imágenes que reflejan una lucha de control entre lo sublime y salvaje frente a la necesidad del ser humano de acotar y hacerlo bello. ¿Cómo surge este proyecto y la relación entre esos conceptos?

Las canteras son espacios que me parecen fascinantes, tal vez por la capacidad de destrucción y creación de nuevos espacios, la reinvención del medio natural para nuestro beneficio. Por lo general, en un determinado momento estas vuelven a ser recuperadas por lo salvaje, aunque es imposible eliminar la huella. De esta manera nació Debla. Me interesaba mucho el sentimiento de extrañeza e inseguridad que me brindaban esos lugares. Lo salvaje sometido y liberado. Esta idea me llevó a explorar muchos de estos emplazamientos, y desarrollar esa idea territorial, de conquista, que tanto caracteriza al hombre. Paisajes ya de por sí intervenidos, en los que se realizaban enfrentamientos/performance, buscando de manera constante lo primitivo en lucha contra lo domesticado. Para reforzar la idea use  los plásticos como simbología de la huella, de lo ganado, señal de pertenencia, como una bandera, abriendo el espectro de localizaciones y poder llevarlo a un plano más cercano a nuestra idea de lo ”salvaje” como son los bosques o la figura animal, que es nuestra idea más asociada a la fuerza natural.

 

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

Si, por supuesto. Llevo más de dos años trabajando en Saeta”. Toda  una experiencia introducir nuevos formatos a los que nunca me había enfrentado como el bodegón, o incluso la música, ya que estamos produciendo todo lo que acompañará la parte audiovisual.

En este proyecto hay una relación mucho más performativa con el espacio natural, dando más importancia a lo material, la piedra como elemento, y su relación con el cuerpo.

Saeta es un rito, un proceso de búsqueda de identidad. refiriéndonos al ser humano como causa y como efecto, desde lo más básico, el movimiento, la violencia, el grito y la roca, para tratar de dar comprensión a nuestros actos, de una forma introspectiva, solitaria, mi Yo frente a lo sublime de la creación, pagano o divino, pero entendiéndolo desde una óptica alejada del culto a lo sobrenatural. Un juego de ceremonias realizadas a modo de mantra, dando absoluta libertad al sentimiento, sea cual sea, de un modo, digamos, terapéutico. Una catarsis performativa en la cual sólo forman parte el cuerpo, la roca y el grito. Es una repetición constante, de elementos, de voces y gestos.

© Curro Rodríguez. Todos los derechos reservados.

 

 

How did you first get into photography?

My immersion in photography was a bit of a fluke, to say the least. It all started with working as a cameraman at a local television station after a short course in video and television production and direction. That’s where I started to enjoy looking at the world from a closed frame. It stayed there, and after a few years I became curious about still photography, self-portraits and little else. I left everything and went to London thinking about studying photography there, but nothing further from the truth, it was on my return, in 2011 when I finally studied photography, after finishing I spent some time doing some workshops with photographers, where I delved deeper into the concepts, and learned to work with projects, statements, from a much more personal angle, there I understood this medium as a way of expressing, of telling. Again I left everything and went to Madrid to do the Master of Contemporary Photography at the Efti school, and I’ve been doing that ever since. You never stop studying, learning. Photography is a medium that has to be enriched from all angles. Exhibitions, artistic residencies, concerts? Reading a book is studying photography, just like watching a film or listening to a song.

 

 

How would you describe your artistic work? How important is landscape or nature in your work?

My work is an amalgam, I couldn’t describe it as purely photographic, because, although the end result is almost purely photographic, I draw on other aspects. I work from performance, installation and intervention, and I’m accompanied by video. It’s all quite symbiotic, as I couldn’t get to one without the other. In the same way I can’t talk about nude photography, landscape or portraiture. It’s all connected. I work with nature, with the environment, with human intervention, on a conceptual level, trying to find answers to my own questions, which are sometimes personal, although I try to transform them into universal questions.

I have always considered myself a very instinctive person. I think it is necessary to give freedom to our behaviours, always with respect. Natural spaces open those floodgates in me, reconnecting with the earthly, with the basics. Curiously, few of us are familiar with the texture of a stone, and this puts us in a different situation. It’s not easy to reconnect with something you don’t recognise. This is where my interest in representing this «reconnection/relocation» with the natural, with what has been invaded and reconquered by the wild, is born. Nature beyond the garden scares us, because we don’t control it, it is not domesticated.

 

What are your most direct references? Which photographers or artists influence your creative process?

My portfolio of references is something that I expand every day, for each work or project. I try to be quite open to everything I come across.

Music, cinema, literature, philosophy. I do a kind of research throughout each project, before and during the process. I think it’s very important to know what has been done before or what is being done now in order to work on a specific theme.

Flamenco moves the main body of my work, I understand it as a root music, which comes out of the deepest, it could be pure geology, animal instinct unleashed. It speaks a lot about me and those impulses we were talking about at the beginning.

Artists like Ana Mendieta or Abramovic, their exploration with the body, their performances in nature to talk about identity are very relevant to me.

The theatre/dance of Dimitris Papaionau or Rocio Molina and their way of using the human body.

Much more contemporary photographers who move in other currents such as Synchrodogs or Mustafa Sabbagh, always playing with the body, light and the denaturalisation of spaces. Although the list is endless: Antonio Guerra, Benoit Jeanet, Ilan Rabchanskey, J.M. Melero…

In video I could highlight Bill Viola, Lois Patiño and the films of Sergei Paradzhanov, pure visual poetry.

It is an enormously wide range. As I mentioned, it’s very important for me to have a rich background of references before and while working on something.

 

In Debla we are faced with a series of images that reflect a struggle for control between the sublime and the wild versus the human need to limit and make it beautiful. How did this project and the relationship between these concepts arise?

Quarries are spaces that I find fascinating, perhaps because of their capacity for destruction and the creation of new spaces, the reinvention of the natural environment for our benefit. Generally, at a certain moment they are recovered by the wild, although it is impossible to eliminate the footprint. This is how Debla was born. I was very interested in the feeling of strangeness and insecurity that these places gave me. The wild subdued and liberated. This idea led me to explore many of these sites, and to develop that idea of territory, of conquest, which is so characteristic of man. Already intervened landscapes, in which confrontations/performances took place, constantly searching for the primitive in struggle against the domesticated. To reinforce the idea I used plastics as a symbol of the footprint, of what has been won, a sign of belonging, like a flag, opening up the spectrum of locations and being able to take it to a plane closer to our idea of the «wild» such as forests or the animal figure, which is our idea more associated with natural force.

 

Finally, do you have any projects in mind now?

Yes, of course I do. I have been working on «Saeta» for more than two years. It’s been a great experience to introduce new formats that I had never tackled before, such as still life, or even music, as we are producing everything that will accompany the audiovisual part.

In this project there is a much more performative relationship with the natural space, giving more importance to the material, stone as an element, and its relationship with the body.

Saeta is a rite, a process of searching for identity, referring to the human being as cause and effect, from the most basic, the movement, the violence, the scream and the rock, to try to give understanding to our acts, in an introspective, solitary way, my I in front of the sublime of creation, pagan or divine, but understanding it from a perspective far from the cult of the supernatural. A set of ceremonies performed as a mantra, giving absolute freedom to feeling, whatever it may be, in a way that is, shall we say, therapeutic. A performative catharsis in which only the body, the rock and the cry take part. It is a constant repetition of elements, of voices and gestures.