JUAN MANUEL

DE LA QUINTANA

Acuñado en las afueras

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¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Mi primer contacto con la fotografía juraría que fue con la cámara de mi padre cuando era pequeño. Era una de las primeras cámaras compactas digitales decentes, por eso no le importaba que hiciese fotos de vez en cuando, al fin y al cabo eran “gratis”. Más adelante me regalaron una Fujifilm compacta de 10.2 mega pixeles que todavía conservo. Esa fue mi primera cámara per se. Lo cierto es que nunca llegué a usarla demasiado y no fue hasta que cumplí 18 años, cuando me regalaron una réflex de Nikon, que aprendí a hacer fotos. Yo, en ese momento, quería una cámara para grabar. El cine era lo que me llamaba la atención, pero claro, antes de grabar tenía que aprender a hacer fotos y de ahí ya no pude salir. Han pasado muchas cámaras por mis manos y mi estilo ha ido variando mucho, todo de manera autodidacta. Nunca he estudiado nada de fotografía hasta este año, donde sobre todo he ampliado mi cultura visual, he aprendido a conceptualizar mejor y a encontrar y trabajar los elementos con los que articular mis proyectos.

 

 

¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

Me cuesta mucho describir mi trabajo pero diría que, en esencia, se basa en la quietud, en el detenimiento, en tomarme mi tiempo antes de apretar el disparador. Creo que en eso me ha ayudado mucho trabajar en formato medio, donde únicamente cuento con 15 fotos por rollo y cada disparo cuenta. Sin embargo, no me refiero únicamente al detenimiento durante el acto fotográfico: la pausa y el tiempo durante el desarrollo de proyectos es fundamental. Acuñado en las Afueras me llevó alrededor de 9 meses, ojalá hubiesen sido más pero tuve que volver a España.

Por otro lado, y aun teniendo en cuenta que este proyecto es un trabajo paisajístico urbano, mi mirada y mi relación con la naturaleza es muy íntima. Al fin y al cabo, soy licenciado en biología y, aun sin haberme especializado, mis estudios siempre se han orientado hacia la ecología evolutiva y el trabajo de campo. Es por eso que en mis fotografías, especialmente las que estoy elaborando actualmente, muestro mucha sensibilidad a la hora de aproximarme al entorno natural, me tomo mis distancias, mi tiempo y trato con mucho respeto lo que veo.

 

 

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

 

 Durante el desarrollo de Acuñado en las Afueras, periodo en el que mi cultura visual se veía tremendamente influenciada por las redes sociales y carecía del bagaje del que ahora dispongo (aún por mejorar), el fotógrafo que mayor peso tuvo fue Dino Kuznik. Su fotografía del oeste americano y de la carretera fueron realmente determinantes en mi proyecto. A día de hoy creo que mi mirada ha cambiado en tanto que me alejo más de los sujetos, permito que haya más aire entre la lente y lo que ella ve, por eso fotógrafos como Richard Misrach, Joel Sternfeld y Alexander Gronsky son algunos de mis favoritos.

 

Acuñado en las afueras, surge como un impulso, una necesidad de fotografiar atraída por la novedad de encontrarse en un lugar al que no perteneces. ¿En qué momento te diste cuenta de que la fotografía dejaba de ser un hobby para convertirse en algo más? ¿Cómo fue el proceso de construir por primera vez un proyecto?

 

 Me di cuenta allí arriba, a casi 4000 km de mi casa. La fotografía había sido desde hacía cuatro años una suerte de escape, nada más que un juego. Todos los fines de semana que podía los dedicaba a salir con mis amigos a hacer fotos o, por ejemplo, cada vez que hacíamos un viaje era yo quien lo documentaba de principio a fin. En la maleta iba antes mi cámara que mi ropa.

 Una vez en Suecia, enfrentándome al último año de una carrera que había mostrado no ser para mí, decidí empezar mi primer proyecto. Como digo, este estaba profundamente influenciado por el trabajo de Kuznik, concretamente por su proyecto Shaped by the West. En mis continuos paseos por las afueras encontré una potencia visual que me pedía ser fotografiada y, tras haber pasado las navidades en Madrid, comencé seriamente lo que sería mi primer trabajo fotográfico. Lo que antes era un juego, se convirtió en casi un ritual, la motivación por salir fuera, andar más que el día anterior, madrugar o trasnochar, emanaba de mi necesidad por hacer fotos, por documentar la extrañeza del lugar que habitaba, donde la cultura y paisaje escandinavo se fusionaban con el diseño del automóvil americano. En ese momento, cuando las fotos pasaron a ser casi una necesidad, fue cuando me di cuenta de que la fotografía ya no era un hobby.

 En sí, el proceso de construir por primera vez un proyecto me resultó muy liviano y creo que en parte se debe a que lo hice “a ciegas”, me explico: Todas las fotos del proyecto las tomé con una Mamiya 645, en un pequeña ciudad donde solo había un laboratorio fotográfico a mi disposición. Es por eso que, tras revelar un par de rollos allí y no salir muy satisfecho, decidí guardar toda la película que disparaba en la nevera hasta que llegase el momento de volver a casa. Fueron meses y meses de hacer fotos sin saber bien lo que saldría, sin tener un feedback directo ni una idea de las imágenes que obtendría. Una vez en Madrid, y con mucho miedo de que los rayos X de los tres aeropuertos por los que tuve que pasar hubiesen estropeado mis fotos, llevé todos los rollos de película al laboratorio. Una semana después recibí el trabajo de más de medio año de golpe y… la verdad es que la sensación es difícil de describir. Hay algo muy romántico en hacer fotos, creo que el resto de compañeros seleccionados en este número, finalistas o participantes entenderán a lo que me refiero.

 

 

 

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

Actualmente estoy trabajando en Ya no cantan los vencejos, un intento de “reconciliación” con la tierra de la que procede mi familia. Aun siendo madrileño y habiendo vivido toda mi vida en la capital, mi familia por parte de madre procede de la Mancha, concretamente de la provincia de Ciudad Real. Cuando mis hermanos y yo éramos más pequeños íbamos de tanto en tanto a Valdepeñas para visitar a mi bisabuela y a mi tía abuela. Una vez ambas murieron, no volvimos más. Han pasado ya su años desde entonces y, lo que en principio quería que fuese un proyecto sobre mi abuelo, quien falleció hace dos años también, ha cambiado por completo. Actualmente me encuentro volviendo a Valdepeñas según conviene, a la casa donde vivía mi bisabuela y a la de retiro de mis abuelos, fotografiando ambas viviendas, ahora abandonadas, donde se acumula el polvo, la pintura se cae y todo permanece. Sin embargo, el paisaje sigue siendo protagonista y los campos colindantes al pueblo sobre los que se erigen viejos molinos y blancos cementerios de la llanura constituyen gran parte del cuerpo de este trabajo. De manera sintomática y sin una intención directa, el proyecto fotográfico ha tomado tintes fúnebres, pero sin renunciar a la luz y al color de los campos manchegos.

© Juan Manuel de la Quintana. Todos los derechos reservados.

 

 

How did you first get into photography?

My first contact with photography I swear was with my father’s camera when I was a kid. It was one of the first decent digital compact cameras, so he didn’t mind if I took pictures from time to time, after all they were «free». Later I was given a Fujifilm 10.2 megapixel compact which I still have. That was my first camera per se. The truth is that I never got to use it much and it wasn’t until I turned 18, when I was given a Nikon SLR, that I learned to take pictures. At that time, I wanted a camera for filming. Film was what caught my attention, but of course, before I could shoot I had to learn how to take photos and I couldn’t get out of it. Many cameras have passed through my hands and my style has varied a lot, all in a self-taught way. I’ve never studied photography until this year, where above all I’ve broadened my visual culture, I’ve learned to conceptualise better and to find and work with the elements with which to articulate my projects.

 

How would you describe your artistic work? How important is landscape or nature in your work?

It’s hard for me to describe my work, but I would say that, in essence, it’s based on stillness, on stopping, on taking my time before pressing the shutter. I think that working in medium format has helped me a lot, where I only have 15 photos per roll and every shot counts. However, I don’t just mean taking my time during the act of photography: pausing and taking time during the development of projects is fundamental. Acuñado en las Afueras took me about 9 months, I wish it had been more but I had to go back to Spain.
On the other hand, and even taking into account that this project is an urban landscape work, my gaze and my relationship with nature is very intimate. After all, I have a degree in biology and, even without having specialised, my studies have always been oriented towards evolutionary ecology and field work. That’s why in my photographs, especially the ones I’m currently working on, I show a lot of sensitivity when it comes to approaching the natural environment, I take my distance, my time and I treat what I see with a lot of respect.

 

What are your most direct references? Which photographers or artists influence your creative process?

During the development of Acuñado en las Afueras, a period in which my visual culture was tremendously influenced by social networks and I lacked the background I now have (still to improve), the photographer who had the greatest influence was Dino Kuznik. His photography of the American West and the road were really decisive in my project. Today I think my gaze has changed as I move further away from the subjects, I allow more air between the lens and what it sees, so photographers like Richard Misrach, Joel Sternfeld and Alexander Gronsky are some of my favourites.

 

 Acuñado en las afueras, it arose as an impulse, a need to photograph, driven by the novelty of being in a place where you don’t belong. At what point did you realise that photography was no longer a hobby but something more? What was the process of building a project for the first time?

I realised it up there, almost 4000 km away from home. For four years, photography had been a kind of escape, nothing more than a game. Every weekend I could, I would go out with my friends to take photos or, for example, every time we went on a trip, I would document it from beginning to end. My camera went in my suitcase before my clothes.
Once in Sweden, facing the last year of a career that had proved not to be for me, I decided to start my first project. As I say, it was deeply influenced by Kuznik’s work, specifically by his project Shaped by the West. In my continuous walks through the suburbs I found a visual power that begged to be photographed and, after spending Christmas in Madrid, I began in earnest what would become my first photographic work. What was once a game, became almost a ritual, the motivation to go out, to walk more than the day before, to get up early or stay up late, emanated from my need to take pictures, to document the strangeness of the place I lived in, where the Scandinavian culture and landscape merged with the design of the American automobile. At that moment, when photos became almost a necessity, I realised that photography was no longer a hobby.
In itself, the process of building a project for the first time was very light for me and I think this is partly due to the fact that I did it «blind», let me explain: I took all the photos of the project with a Mamiya 645, in a small town where there was only one photo lab at my disposal. That’s why, after developing a couple of rolls of film there and not being very satisfied, I decided to keep all the film I shot in the fridge until it was time to go back home. It was months and months of taking photos without knowing exactly what would come out, without having direct feedback or an idea of the images I would get. Once in Madrid, and with a lot of fear that the X-rays from the three airports I had to pass through would have ruined my photos, I took all the rolls of film to the lab. A week later I received more than half a year’s work all at once and…. the truth is that the feeling is hard to describe. There is something very romantic about taking photos, I think the rest of the people selected in this issue, finalists or participants, will understand what I mean.

 

Finally, do you have any projects in mind now?

I am currently working on Ya no cantan los vencejos, an attempt at «reconciliation» with the land where my family comes from. Although I’m from Madrid and have lived all my life in the capital, my family on my mother’s side comes from La Mancha, specifically from the province of Ciudad Real. When my siblings and I were younger we would go to Valdepeñas from time to time to visit my great-grandmother and great-aunt. Once they both died, we never went back. It has been years since then, and what I originally wanted to be a project about my grandfather, who also died two years ago, has changed completely. I currently find myself returning to Valdepeñas as it suits me, to the house where my great-grandmother lived and to my grandparents’ retirement home, photographing both houses, now abandoned, where dust accumulates, paint falls off and everything remains. However, the landscape is still the protagonist and the fields adjoining the village on which old mills and white cemeteries of the plain stand constitute a large part of the body of this work. Symptomatically and without any direct intention, the photographic project has taken on funereal overtones, but without renouncing the light and colour of the fields of La Mancha.