ROSA RODRÍGUEZ

La Línea Blanca

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¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Quería ser exploradora y fotógrafa, todo lo relacionado con conocer otros mundos me fascinaba, y me continúa fascinando, estar en sitios diferentes al mío y ver otras formas de vida. La cámara era y es la amiga perfecta para emprender esos viajes.

Conseguí de pequeña que me regalaran una cámara compacta, no recuerdo el modelo, solo recuerdo que tenía que reponer cada cuatro disparos el flash porque se quemaba cuando se usaba. Desde ese momento siempre he tenido una cámara en mis manos, y he intentado conocer el mundo lo máximo posible.

 

 

¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

A través de fragmentos parciales de escenas narro historias, extraigo esa pequeña parte de la escena que representa lo que quiero contar. Hago una doble narrativa en mis proyectos, por un lado, cuento la “realidad” que percibo de los lugares que me interesan, sobre todo las cosas que admiro, y por otro lado reflexiono sobre temas que me preocupan o interesan utilizando un determinado lugar para ello.

En este sentido, el proyecto La Línea Blanca es una reflexión sobre el regreso a las raíces de la naturaleza humana, y esa es la parte más personal del trabajo en el ártico. En paralelo he desarrollado historias sobre los Nenet, Sami, Inuit, los Icebergs atrapados en la banquisa o los pequeños pueblos aislados del Ártico.

El paisaje lo siento como un ser vivo, lleno de energía, lo inunda todo. Conectamos, y me transmite fuerza, tranquilidad, temor, plenitud, miles de emociones, más tarde hay un reflejo en las fotos de estas emociones.

 

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Mis referentes son por proyectos. En la Línea Blanca, tengo referentes de grandes exploradores y exploradoras en tierras de hielo, que me han acompañado sus biografías durante estos cuatro años de desarrollo del proyecto, entre otros Knud Rasmussen, Peter Freuchen o Ernest Shackleton, y exploradoras árticas. En esa época de grandes exploradores, las mujeres exploradoras eran esposas de los exploradores, los acompañaban en los viajes, pero no por ser acompañantes eran menos exploradoras que sus maridos, entre otras Josephine Diebitsch Peary o Christian Ritter.

Respecto a referentes fotográficos, uno de mis mayores referentes es el fotógrafo Frank Hurley, que acompaño a Shackleton en su aventura polar en 1914, debió ser algo increíble estar allí.

Sobre referentes fotográficos contemporáneos que trabajan en el ártico, una de mis grandes referentes es Evgenia Arbugaeva, una fotógrafa con una sensibilidad increíble, cuenta maravillosas historias árticas. También admiro el trabajo de Danila Tkachenko. algunos de mis favoritos.

En tu proyecto La Línea Blanca, reflexionas acerca de la posibilidad del ser humano de reencontrarse con su identidad precisamente en lugares en los que su presencia es insignificante en relación a la naturaleza. ¿Qué más nos puedes contar acerca de esta idea y cómo surgió la iniciativa de realizar este trabajo?

El proyecto nació en un momento complicado de mi vida, mi madre después de muchos años con una enfermedad degenerativa, paso sus últimos tres años con alimentación artificial, no pude detener esos tres últimos años, el proyecto comenzó cuando su vida terminó. Siento que hay algo que funciona mal en este nuevo mundo industrializado y tecnológico, donde no se deja ir el cuerpo cuando quiere parar, no se lo permitimos y le obligamos que siga viviendo a toda costa. El miedo del ser humano a la muerte, no aceptarla como algo natural unido a nuestra vida, provoca grandes sufrimientos al ser humano.

La Línea Blanca es la parte personal de mi trabajo en el ártico, refleja el deseo de volver a la naturaleza humana, donde el cuerpo es el que decide, el ciclo natural de la vida sigue su curso, y no existe nada ni nadie que pueda decidir sobre él.

 

 

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

Quiero seguir hablando de los espacios naturales únicos en nuestro planeta, y de las comunidades que conviven en relación estrecha con la naturaleza.

Desde hace tiempo tengo en la cabeza desarrollar un proyecto en el Amazonas, hablar de ese gran pulmón del mundo, de las sensaciones que se experimentan en esas tierras, y aprender como conviven con la naturaleza los pueblos que habitan allí.

Aunque, después de varios años viajando al ártico, hay algo en esta área que te hace querer volver una y otra vez. Tengo pendiente ir a la región de Nunavut en Canadá, y Uummannaq o en forma de corazón, en el noroeste de Groenlandia.

© Rosa Rodríguez. Todos los derechos reservados.

 

 

How did you first get into photography?

I wanted to be an explorer and a photographer, everything related to getting to know other worlds fascinated me, and continues to fascinate me, to be in places different from my own and to see other ways of life. The camera was and is the perfect friend to take me on those journeys.

When I was a child I got a compact camera as a present, I don’t remember the model, I only remember that I had to replace the flash every four shots because it burnt out when I used it. Since then I’ve always had a camera in my hands, and I’ve tried to get to know the world as much as possible.

 

How would you describe your artistic work? How important is landscape or nature in your work?

Through partial fragments of scenes I tell stories, I extract that small part of the scene that represents what I want to tell. I have a double narrative in my projects: on the one hand, I tell the «reality» that I perceive of the places that interest me, especially the things I admire, and on the other hand I reflect on issues that concern or interest me, using a particular place to do so.

In this sense, the project The White Line is a reflection on the return to the roots of human nature, and that is the most personal part of the work in the Arctic. In parallel I have developed stories about the Nenet, Sami, Inuit, the Icebergs trapped on the ice floes or the small isolated villages of the Arctic.

I feel the landscape as a living being, full of energy, it floods everything. We connect, and it transmits me strength, tranquillity, fear, plenitude, thousands of emotions, later there is a reflection in the photos of these emotions.

 

What are your most direct references? Which photographers or artists influence your creative process?

My references are project-based. In the White Line, I have references of great explorers in ice lands, whose biographies have accompanied me during these four years of the project’s development, among others Knud Rasmussen, Peter Freuchen or Ernest Shackleton, and Arctic explorers. In that era of great explorers, the women explorers were the wives of the explorers, they accompanied them on their journeys, but not because they were companions they were no less explorers than their husbands, among others Josephine Diebitsch Peary or Christian Ritter.

Regarding photographic references, one of my greatest references is the photographer Frank Hurley, who accompanied Shackleton on his polar adventure in 1914, it must have been incredible to be there.

As for contemporary photographic references working in the Arctic, one of my greatest references is Evgenia Arbugaeva, a photographer with an incredible sensitivity, she tells wonderful Arctic stories. I also admire the work of Danila Tkachenko.

 

In your project The White Line, you reflect on the possibility of human beings rediscovering their identity precisely in places where their presence is insignificant in relation to nature. What more can you tell us about this idea and how the initiative to make this work came about?

The project was born in a complicated moment of my life, my mother after many years with a degenerative disease, she spent her last three years with artificial feeding, I couldn’t stop those last three years, the project started when her life ended. I feel that there is something wrong in this new industrialised and technological world, where we do not let go of the body when it wants to stop, we do not allow it to stop and we force it to continue living at all costs. The human being’s fear of death, not accepting it as a natural part of our life, causes great suffering to the human being.

The White Line is the personal part of my work in the Arctic, it reflects the desire to return to human nature, where the body is the one that decides, the natural cycle of life follows its course, and there is nothing and nobody that can decide about it.

 

Finally, do you have any projects in mind now?

I want to continue talking about the unique natural spaces on our planet and the communities that live in close relationship with nature.

For some time now I have had in mind to develop a project in the Amazon, to talk about this great lung of the world, about the sensations experienced in these lands, and to learn how the people who live there live in harmony with nature.

Although, after several years travelling to the Arctic, there is something about this area that makes you want to return again and again. I have yet to visit the Nunavut region of Canada, and Uummannaq, or heart-shaped, in northwest Greenland.