SERGEI  BELOV

Nostalgia. Before

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¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Mi familia me expuso a la fotografía a una edad temprana. Cuando tenía 7 años, me sentaba a menudo con mi hermano mayor en la habitación roja y observaba cómo aparecían imágenes en blanco y negro en papel fotográfico. Luego llegaron los duros años 90, la URSS se derrumbó. Entonces no había dinero para nada y mi hermano dejó la fotografía. Ni siquiera tuve tiempo de empezar. Hasta 2007, cuando tenía 25 años, no gané dinero y compré a crédito mi primera réflex. Las cámaras digitales estaban empezando a aparecer en ese momento y la posibilidad de hacer un número ilimitado de fotos gratuitas de alta calidad era para mí la principal justificación de una compra tan cara.

Al principio, durante varios años, fotografié de todo, desde cenas con amigos y reuniones familiares (entonces no sabía que se llamaba fotografía vernácula), hasta fiestas en clubes nocturnos y retratos escenificados en el estudio por encargo. El resto de mi tiempo fuera del trabajo y de otras sesiones lo pasaba fotografiando la calle.

Durante varios años estuve buscando mi voz, vadeando con cautela el espantosamente infinito mundo de la fotografía y descubriendo constantemente nuevos autores y nuevos lenguajes fotográficos. Intenté averiguar qué significa la fotografía para mí y por qué me atrae tanto. En mi biblioteca empezaron a aparecer varios fotolibros, desde clásicos de la fotografía callejera como Henri-Cartier Bresson y Garry Winogrand hasta diversos conceptualistas y teóricos. Después de sumergirme en este mundo, me di cuenta de que la fotografía me acompaña no sólo durante mucho tiempo, sino para siempre.

 

 

¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

En mi obra intento dar un significado visual a mi sentimiento prematuro de nostalgia ante la inminente despedida de mi tierra natal. Fue la inminente inevitabilidad de esta ruptura lo que me hizo querer sentir y tener tiempo para conservar sólo aquellas imágenes de mi patria que me son cercanas, que de alguna manera quedaron impresas en mi infancia y que, transformándose, fluyeron hacia el presente a través de mi juventud y de una parte importante de mi vida adulta. Hace unos años, me di cuenta de que me he acercado mucho al lenguaje de la fotografía impasible y democrática, aquella en la que el artista no intenta contar ni imponer nada al espectador y es muy humanista con los retratados sin exigirles nada en particular.

Todavía no sabía que existía ese lenguaje fotográfico, pero cuando veía fotos de artistas que disparaban con esta estética, me daba cuenta de que me llamaban mucho la atención. No podía explicarme por qué las fotografías en las que no pasa nada me fascinan tanto. El hecho de que no pase nada no significa que no digan nada. Creo que mi atención se debe a que desde la infancia, en lugar de interactuar con una realidad extremadamente antipática, prefería refugiarme en la fantasía y terminar de dibujar la realidad circundante en mi imaginación. Para que esta realidad fuera fascinante, bastaba con fotografiarla y mirar el resultado desde un ángulo diferente en un plano bidimensional. En mi opinión, el Deadpan es más adecuado para esto que cualquier otro lenguaje.

En cuanto al paisaje, aquí juega un papel fundamental. Especialmente el paisaje social postsoviético ruso, que en mi país todavía alcanza algunas formas fantasmagóricas absurdas y muy diversas. Creo que el paisaje y la naturaleza, ya sea urbana o suburbana, influyen en gran medida en la formación del carácter de un ruso.

 

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Entre los fotógrafos rusos (soviéticos) me inspiran Sergey Chilikov, Alexander Slusarev, Gueorgui Pinkhassov. De los fotógrafos extranjeros, me influyen mucho Stephen Shore, Alec Soth, Rineke Dijkstra y las increíbles obras en color de William Eggleston.

 En tu proyecto Nostalgia. Before capturas, impulsado por un sentimiento de nostalgia, una serie de imágenes a modo de recuerdo o prueba de tu conexión con un lugar del que ibas a partir. ¿Consideras que la fotografía es una buena herramienta para la documentación y la memoria? ¿Te ha servido el proyecto para sentir que sigues conectado a Rusia?

Creo que la fotografía es una de las mejores herramientas para ello. A veces encuentro imágenes de viejos clásicos que hicieron fotos de mi ciudad en el siglo XIX, en los albores de la fotografía. Al mirar estas fotos, es como si viviera la vida de estas personas al azar en la calle que fueron capturadas allí hace más de cien años. Quiero entender quiénes son y qué pensaban ese día.

Respecto a la segunda pregunta, ya después de irme empecé a darme cuenta de que el proyecto podría tener un alcance mucho más amplio que las imágenes que se presentan aquí. Todavía hay mucho más que decir. Esto me lleva a pensar que, si se presenta de nuevo la oportunidad de volver brevemente, definitivamente tendré que seguir fotografiando.

Me parece sumamente fascinante que la fotografía permita captar un segmento concreto del tiempo, un «empuje del tiempo» o «presión del tiempo», como decía Andrey Tarkovsky, de una realidad continua, y apropiarse de esa paz por completo. De hecho, ni siquiera estoy interpretando, sino privatizando partes de la realidad, convirtiéndome en su dueño indiviso. Y puedo hacer esto innumerables veces. Me sorprende por completo. Eso es lo que yo llamo la magia de la fotografía.

 

 

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

El verano pasado empecé a hacer una gran serie de retratos de personas en interiores de casas. Quería observar la vida de las personas atrapadas en sus casas durante largos periodos a causa de la pandemia. Empecé en Copenhague y me las arreglé para recorrer un par de docenas de apartamentos al azar en pocos días y fotografiar a sus habitantes en el interior de sus casas. Lamentablemente, debido a la segunda y tercera oleada de la pandemia, tuve que detener este proyecto por ahora. Pero tengo la intención de retomarlo en el futuro y seguir fotografiando. No sólo en Dinamarca, sino también en otros países europeos, en cuanto la situación epidemiológica se normalice.

 © Sergei Belov. Todos los derechos reservados.

 

How did you approach photography?
I was exposed to photography at an early age in my family. When I was 7 years old, I often sat with my older brother in the red room and watched black and white images appear on photographic paper. Then came the hard 90s, the USSR collapsed. There was no money for anything at the time and my brother gave up photography. I didn’t even have time to start. It was only in 2007, when I was 25, that I earned money and bought on credit my first SLR. Digital cameras were just beginning to appear at that time. And the opportunity to take an unlimited number of free high-quality photos was for me the main justification for such an expensive purchase.
For several years at first, I shot everything, from dinner parties with friends and family gatherings (I didn’t know back then it was called vernacular photography), to parties at nightclubs and staged portraits in the studio on commission. The rest of my time away from work and other shoots was spent shooting the street.
For several years I was searching for my voice, cautiously wading through the frighteningly infinite world of photography and constantly discovering new authors and new photographic languages. I tried to figure out what photography means to me and why I am so attracted to it. Various photobooks began to appear in my library, ranging from classics of street photography like Henri-Cartier Bresson and Garry Winogrand to various conceptualists and theorists. After diving deep into this world, I realized that photography is with me not just for a long time, but forever.

 

How would you describe your artistic work? How important is landscape or nature in your work?
In my work I try to give visual meaning to my prematurely arisen feeling of nostalgia before the impending parting with my homeland. It was the imminent inevitability of this breakup that caused me to keenly want to try to feel and have time to preserve only those images of my homeland that are close to me, which were somehow imprinted in my childhood and, transforming, flowed into the present through my youth and a significant part of my adult life. A few years ago, I noticed that I have become very close to the language of impassioned and democratic deadpan photography. Where the artist is not trying to tell or impose anything on the viewer. And it is very humanistic to the portrayed without demanding anything in particular from them.
I didn’t know yet that there was such a photographic language, but when I was looking at pictures of artists who were shooting in this aesthetic, I noticed that they really grabbed my attention. I couldn’t really explain to myself why photographs with nothing going on fascinate me so much. The fact that nothing is happening doesn’t mean that they don’t say anything. I think that my attention is due to the fact that since childhood, instead of interacting with an extremely unfriendly reality, I preferred to retreat into fantasy and finish drawing the surrounding reality in my imagination. To make this reality fascinating, it was enough just to photograph it and look at the result from a different angle on a two-dimensional plane. Deadpan, in my opinion, is better suited for this than any other language.
As for the landscape, here it plays a key role. Especially the Russian post-Soviet social landscape, which in my country still reaches some absurd and most diverse phantasmagoric forms. I think the landscape and nature, be it urban or suburban, largely have a significant impact on the formation of the character of a Russian person.

 

What photographers or artists influence your creative process?
Among Russian (Soviet) photographers I am inspired by Sergey Chilikov, Alexander Slusarev, Gueorgui Pinkhassov. Of the foreign photographers, I am strongly influenced by Stephen Shore, Alec Soth, Rineke Dijkstra and the amazing color works of William Eggleston.

 

In your project «Nostalgia. Before» you capture, driven by a feeling of nostalgia, a series of images as a souvenir or proof of your connection to a place you were leaving. Do you consider photography to be a good tool for documentation and memory? Has the project helped you to feel that you are still connected to Russia?
I think photography is just one of the good ways to do it. And what I find easiest to do. Just like other people do it with video or writing, for example. Sometimes I find images of old classics that took photos of my town back in the 19th century, at the dawn of photography. Looking at these pictures, it’s as if I’m living the lives of these random people on the street who were captured there over a hundred years ago. I want to understand who are they might be and what they were thinking that day.
As for the second question. Already after I left, I began to realize that the project could actually be much broader in scope than just the images presented here. There is still a lot more to say. This leads me to believe that if the opportunity to return briefly arises again, it will definitely be necessary to continue shooting.
I find it extremely fascinating that photography makes it possible to capture a particular segment of time, a «time-thrust” or “time-pressure”, as Andrey Tarkovsky (well-known russian film director) said, of a continuous reality, and to appropriate that peace completely to oneself. In fact, I am not even interpreting, but privatizing parts of reality, becoming their undivided owner. And I can do this countless times. It completely blows my mind. That’s what I call the magic of photography.

 

Finally, do you have any projects in mind now?
Last summer I started doing a big series of portraits of people in home interiors. I wanted to look at the lives of people trapped in their homes for long periods because of the pandemic. I started in Copenhagen and managed to go around a couple of dozen random apartments in a few days and shoot their inhabitants in their home interiors. Unfortunately, due to the second and third waves of the pandemic, I had to stop this project for now. But I intend to return to it in the future and continue shooting. Not only in Denmark, but also in other European countries, as soon as the epidemiological situation returns to normal.